Hace un año me despertó una pesadilla, no recuerdo bien lo que estaba soñando, pero desperté gritando: mamá!!!
Ese día, recuerdo que era martes, me fui temprano al trabajo y antes de llegar recibo la terrible noticia de que mi Pepo había muerto.
Hoy, exactamente un año después, tuve un sueño. Podría decir que fue hermoso, pero por ahí dicen que las pesadillas hay que contarlas antes de las 7 de la mañana para que no se cumplan... Pero la mía no fue una pesadilla, y no quiero contar lo que soñé, porque quiero que se cumpla. Creo que alguien -desde su mundo de letras, de estrellas, de música-, me quiere seguir contando cuentos y me está mandando señales, de que vale la pena despertarse cada día, porque en algún momento llegará una buena noticia.
El profesor Dante Gómez Cervantes (1941-2015), oriundo de Tempoal, Veracruz, universitario cuya vida y obra en sus propias palabras podrían caracterizarse de modestas, pero, por lo mismo, indudablemente perdurables, falleció el 31 de marzo de 2015. En su calidad de bibliotecario universitario por un buen número de años, que es como lo conocimos la mayor parte de quienes lo tratamos, Dante demostró siempre su dedicación, honestidad, y su profundo amor por los libros y por el servicio. Se distinguió por un afán y meticulosidad tales, con relación al uso del lenguaje y la claridad en las ideas, que en ocasiones causaba una leve incomodidad comprensible entre quienes leíamos -o habíamos leído- mucho menos que él.
En ésto de la cultura escrita se esmeraba tanto y prestaba tal atención, que con suma frecuencia, quienes colaboramos con él nos ruborizamos cuando nos hacía ver fallas -a veces, garrafales- en los textos que, como parte del trabajo, elaboramos durante nuestro quehacer en las bibliotecas de la Universidad.
Esta atención definitiva y constante por el lenguaje y su uso, no pueden ser más que la expresión de un espíritu que apunta a las grandes alturas, a la trascendencia. Sus escritos y comunicaciones, almacenados en la memoria documental de la Universidad Veracruzana, podrían dar testimonio de su altísima estima –bien justificada- por la expresión escrita.
Otro rasgo memorable de nuestro compañero fue su amor por la ciencia ficción, un género en el que abrevó hasta encontrar a sus autores favoritos, entre los que citaba con frecuencia a Ray Bradbury, Ursula K. Leguin, Arthur C. Clark y -por lo que de ellos pudiera contemplarse en el género-: Jorge Luis Borges, Juan Rulfo y otros, muchos otros.
Compartía su gusto por tal subgénero literario -la ciencia ficción- leyendo en voz alta, en ocasiones, alguno de sus textos favoritos a los compañeros de trabajo. Así conocimos hermosas lecturas como “La penúltima pregunta”, de Isaac Asimov, “Fue a echarle un vistazo a los caballos” (traducción libre de “He Walked Around the Horses”), de Beam Piper, o la breve historia “Luvina”, de Juan Rulfo.
No sabremos a qué otras lecturas acudía con frecuencia en su vida privada, qué otros autores y libros fueron su alimento espiritual constante. Tal vez su esposa, Alba Tirado, o tal vez sus hijos: Dunia, Yarim, Orlik y Karel, lo saben bien, en tanto que imprimió en ellos, sin duda alguna, el mismo amor por la lectura que él sentía.
Como lector infatigable, bibliófilo empedernido, solía mostrar a todos con gran orgullo su mayor tesoro: su biblioteca personal, que ocupa un lugar central en el primer piso de su hogar.
Igualmente, recordamos de él su amor por la música clásica y pop, donde destacaban, entre sus preferencias, las sinfonías de Tchaikovsky, particularmente la obertura “1812”, y las composiciones de Mozart y de Chopin, así como la “Fanfarria para el Hombre Común”, de Aaron Copland. Gustaba mucho de la música de la banda Pink Floyd, particularmente, de los álbumes “Atom Heart Mother “ y “Dark Side of the Moon”.
Dante fue un profesional bibliotecario que prestó sus servicios en diversas bibliotecas, como el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo (CEESTEM), en la Biblioteca Pública de Coyoacán, en la ciudad de México y en algún otro lugar que tal vez se nos escapa; así como en la Biblioteca Central y en la Dirección General de Bibliotecas de la Universidad Veracruzana, de las que fue Director. En tales centros de trabajo, Dante dejó honda huella por su constancia laboral, dedicación y compromiso por el servicio.
A lo largo de su trayectoria profesional, Dante siempre fue capaz de hacer ver y de contagiar esa grave responsabilidad nuestra hacia la sociedad mexicana y veracruzana. En su calidad de funcionario él así lo hizo, influyendo en otros funcionarios como él, en académicos, estudiantes y trabajadores universitarios.
Todos estos rasgos, aunados, nos hacen pensar en él, en lo que nos ha privado su ausencia, tratándose de una personalidad como la suya, caracterizada por su espíritu humanista, para quien los libros representaban puertas que nos abren camino a otros mundos y, las bibliotecas, faros que iluminan los caminos de todas las personas, concebidas decía él como puentes poderosos que conectan al sujeto -y sus necesidades existenciales más profundas- con toda la herencia cultural de la humanidad, único recurso donde aquél puede satisfacerlas razonablemente.
Valgan estas palabras como un modesto elogio a su persona, y como la manifestación del recuerdo hondo y cálido que abrigamos todos los que lo conocimos como padre de familia, amigo y compañero de trabajo.
Su memoria perdurará por siempre en nosotros.
Carlos Alberto Sánchez Velasco y José Luis Mendoza Jácome.
Hermanas y hermanos... No me había dado el tiempo de retomar el blog...y poco a poco lo haré nuevamente... Ojalá que ustedes también... Entre muchas cosas que debo reconocerle a Dante está su congruencia entre el pensar, decir y hacer... Desde muy chico muy chico me daba cuenta de que su manera de pensar y actuar eran congruentes (claro, tenía defectos igual que todos nosotros...) y que se esforzaba por hacer que entendiéramos qué significaba ser congruente y consciente de lo que pasaba en el mundo, entre las personas y sus relaciones... Una de las primeras lecturas que hacía conmigo y que hablan de ello es "El Joven Rey" de Oscar Wilde, del cual reproduzco aquí el fragmento final...
"-Hijo mío, ¿es este el traje de un rey? ¿Y con qué corona he de coronarte, y qué cetro colocaré en tus manos? Ciertamente, para ti este debiera ser día de gozo y no de humillación.
-¿Debe la Alegría vestirse con lo que fabricó el Dolor? -dijo el joven rey. Y contó al obispo sus tres sueños.
Y cuando el obispo los oyó, frunció el ceño y dijo:
-Hijo mío, soy un anciano y estoy en el invierno de mis días y sé que se hacen muchas cosas malas en el ancho mundo. Los bandidos feroces bajan de las montañas y se llevan a los niños y los venden a los moros. Los leones acechan a las caravanas y saltan sobre los camellos. Los jabalíes salvajes arrancan de raíz el trigo de los valles, y las zorras roen las vides de la colina. Los piratas asuelan las costas del mar y queman los barcos de los pescadores y les quitan sus redes. En los pantanos salinos viven los leprosos; tienen casas de juncos y nadie puede acercárseles. Los mendigos vagan por las ciudades y comen su comida con los perros. ¿Puedes impedir que estas cosas sean? ¿Harás del leproso tu compañero de lecho y sentarás al mendigo a tu mesa? ¿Hará el león lo que le mandes y te obedecerá el jabalí? ¿No es más sabio que tú aquel que creó la desgracia? Rey, no aplaudo lo que has hecho, sino que te pido que vuelvas al palacio y te pongas las vestiduras que sientan a un rey, y con la corona de oro te coronaré y el cetro de perlas colocaré en tus manos. Y en cuanto a los sueños, no pienses más en ellos. La carga de este mundo es demasiado grande para que la soporte un solo hombre y el dolor del mundo es demasiado para que lo sufra un solo corazón.
-¿Eso dices en esta casa? -interrogó el joven rey; y dejó atrás al obispo, subió los escalones del altar, y se detuvo ante la imagen de Cristo.
A su mano derecha y a su izquierda se hallaban los vasos maravillosos de oro, el cáliz con el vino amarillo y con el óleo santo. Se arrodilló ante la imagen de Cristo y las velas ardían esplendorosamente junto al santuario enjoyado y el humo del incienso se rizaba en círculos azules al ascender a la cúpula. Inclinó la cabeza en oración y los sacerdotes de vestiduras rígidas huyeron del altar.
Y de pronto se oyó el tumulto desatado que reinaba en la calle y los nobles entraron al templo espada en mano y agitando sus plumeros y embrazando sus escudos de pulido acero.
-¿Dónde está el soñador de locuras? -exclamaban-. ¿Dónde está el rey vestido de mendigo, el que trae la vergüenza sobre el Estado? En verdad que hemos de matarlo, porque es indigno de regirnos.
Y el joven rey inclinó de nuevo la cabeza y oró, y he aquí que, a través de las vidrieras de colores, bajaba sobre él a torrentes la luz del día, y los rayos del sol tejieron en torno suyo una vestidura más hermosa que aquella que fue tejida para darle placer. El cayado seco floreció y se llenó de lirios más blancos que las perlas. La seca rama de espino floreció, y dio rosas más rojas que los rubíes. Más blancos que perlas finas eran los lirios, y sus pecíolos eran de plata luciente. Más rojas que rubíes espinelas eran las rosas, y sus hojas eran de oro batido.
Se quedó inmóvil en su traje de rey, y las puertas del enjoyado santuario se abrieron, y del cristal de la custodia radiante brotó maravillosa y mística luz. Se quedó inmóvil en su traje de rey, y la Gloria del Señor llenó el lugar, y los santos en sus nichos labrados parecían moverse. Con el hermoso traje regio quedó inmóvil ante ellos, y el órgano lanzó su música, y los trompeteros soplaron en sus trompetas, y los niños cantores alzaron sus voces.
Y el pueblo cayó de rodillas con espanto, y los nobles envainaron sus espadas y le rindieron homenaje, y el obispo palideció y le temblaron las manos:
-Te ha coronado uno más grande que yo -dijo, y se arrodilló ante él.
Y el joven rey bajó el altar mayor, y volvió al palacio, atravesando la multitud. Pero ninguno se atrevió a mirarlo a la cara, porque era semejante a la de los ángeles."
en el “día internacional de la mujer” vale, en respetuoso afán de homenaje, transcribirles una posdata de margarita isabel en “LaJornada” del sábado:
“Decálogo de la mujer feliz
1. Amarás a tu prójimo, pero antes y primero a ti misma, 2. No te culparás en vano, 3. Disfrutarás todas las fiestas, 4. No serás la carcelera de tus hijas, ni fomentarás el machismo en tus hijos, 5. No mentirás… respecto a quién eres: serás fiel a tus pasiones y a tus principios, 6. No matarás… tu deseo de amar y ser amada, 7. No fornicarás con quien no quieras; lo harás sólo con quien desees, 8. No permitirás que nunca nadie te trate mal, 9. No desearás al hombre de tu amiga; cualquier mujer puede ser tu amiga, 10. No desperdiciarás tu vida: la disfrutarás minuto a minuto.
Epílogo
Amarás a tu hombre, pero no confiarás en ninguno. Todos son iguales, pero hay peores.”
este hombre, si acaso, por los tiempos ominosos que corren, agregaría, subrayando lo obvio, lo consubstancial a la mujer, lo inherente a la condición de mujer:
defenderás enérgicamente la vida y la paz en el mundo, e instarás a los demás a hacer otro tanto.