martes, 24 de noviembre de 2015

Vendrán lluvias suaves (fragmento del cuento en Crónicas Marcianas de Ray Bradbury).


Hermanos...

Octubre y noviembre siempre se me han hecho meses Bradburyanos... Hoy me acordé de este cuento de las Crónicas Marcianas...


“(…) -Señora McClellan, ¿qué poema le gustaría escuchar esta noche?

La casa estaba en silencio.

-Ya que no indica lo que prefiere -dijo la voz al fin-, elegiré un poema cualquiera.

Una suave música se alzó como fondo de la voz.

-Sara Teasdale. Su autor favorito, me parece…



Vendrán lluvias suaves y olores de tierra,

y golondrinas que girarán con brillante sonido;



y ranas que cantarán de noche en los estanques

y ciruelos de tembloroso blanco



y petirrojos que vestirán plumas de fuego

y silbarán en los alambres de las cercas;



y nadie sabrá nada de la guerra,

a nadie le interesara que haya terminado.



A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,

si la humanidad se destruye totalmente;



y la misma primavera, al despertarse al alba,

apenas sabrá que hemos desaparecido.


El fuego ardió en el hogar de piedra y el cigarro cayó en el cenicero: un inmóvil montículo de ceniza. Las sillas vacías se enfrentaban entre las paredes silenciosas, y sonaba la música (…)”.




Y esta, hermanos, es una traducción del auténtico poema de Sara Teasdale (1884-1933)

Llegarán suaves lluvias.

Llegarán suaves lluvias y el aroma de la tierra,

Y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos;



Y ranas en los estanques cantarán por la noche,

Y ciruelos silvestres de tembloroso blanco.



Los petirrojos vestirán su fuego emplumado,

Silbando sus caprichos sobre una alambrada.



Y nadie sabrá de la guerra, nadie

Se preocupará al final cuando todo haya concluido.



A nadie le importaría, ni a pájaro ni a árbol,

Si la humanidad pereció completamente;



Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer

Apenas se daría cuenta que nos hemos ido.



 http://elespejogotico.blogspot.mx/2010/10/llegaran-suaves-lluvias-sara-teasdale.html

viernes, 13 de noviembre de 2015

Añoro tomar una cerveza o un buen vaso de vino con mi querido y añorado Dante...

lunes, 2 de noviembre de 2015

Dante XIII-XVI

XIII



Al frente de un escritorio pulcro con papeles meticulosamente ordenados, posaba incólume un búho de latón cuyos enormes ojos parecían mirar frontalmente a quien se acercaba. En una repisa posterior entre libros, papeles y objetos diversos estaba una calavera esbozada con perfecta simetría en alambre cuyo diseño semejaba a los dibujos que se hacen con una sola línea y que en varios momentos de la vida presumiste a propios y extraños pues tú la habías forjado en tu tiempo de estudiante de antropología. A un costado estaba una ventana elevada que dominaba la zona más alta de la fachada de la Biblioteca Central. La oficina de la dirección de la biblioteca tenía una ventana de tamaño moderado desde donde se apreciaba el frontispicio a espaldas del Pensador que quedaba al centro de la jardinera delantera frente a la sala de lectura y en otra interna, una vista elevada de la gran sala de lectura.
-       Mira, viejo…
Me levantaste entre tus brazos para alcanzar y poner atención a un enorme panal de avispas que se había asentado en el cristal y que permitía ver el comportamiento de sus ocupantes sin temor a ser atacado, a menos que se abrieran las rejillas de ventilación que en esos momentos no era recomendable con semejantes vecinos. Orlik mientras tanto se divertía simulando fumar en una narguile de aspecto curioso del que emanaba un aroma desconocido para mí. El tabaco.

XIV

Tuve un maestro a quien le debo ésta revelación: La historia del ser humano a lo largo de los siglos está fincada en un cuerpo geométrico persistente: el rectángulo. El cuerpo de aquel extinto edificio eran tres prismas rectangulares, dos superpuestos horizontalmente. El primero de ellos era el que ocuparon áreas que durante esa visita no recuerdo haber atendido tanto como atendí la visita a la biblioteca y la gran sala de lectura que se situaba debajo del segundo cuerpo rectangular que formaba mayormente la gran sala de lectura, y la dirección. La torre de libros se insertaba verticalmente entre ambos cuerpos geométricos por el centro  en la parte posterior. Efectivamente los rectángulos predominaban la arquitectura en particular de la biblioteca, pero ciertamente en la vida se pierde la cuenta del número de rectángulos que encuadra la razón humana. Viene a mi mente 2001, odisea del espacio de Kubrik que hizo especial hincapié en esto último, pues la razón llegó a los seres primitivos al borde del cataclismo y extinción y que en metafórica alusión el destino cambia y se perpetua con el contacto literal y figurado con seres cuyo cuerpo físico era un prisma rectangular. Y la torre de libros rectangular, contenía miles de objetos rectangulares.
Mientras escribo veo los rectángulos en las ventanas, la mesa, el librero, el dispositivo donde escribo esta historia, la pantalla de TV que guarda una relación 9 a 16 partes que por tanto generan un rectángulo, las puertas, el colchón en que duerme mi amada esposa y en una diversidad de objetos con los que corroboro esta afirmación. La nave de tu último viaje y el cristal que nos permitía verte también eran prismas rectangulares.


XV


… Un día, cuando ya habías regresado a Xalapa y ocupabas la Dirección de Bibliotecas, cuya sede era la planta baja de la biblioteca que estaba situada abajo de la gran sala de lectura que contenía el área que ocupaba una colección especial de consulta de libros –especialmente enciclopedias y una denominada libros raros- cuyos usuarios eran exclusivamente investigadores de todas la áreas de la Universidad, llegó uno de ellos. Amigo tuyo, doctorado en literatura en Heidelberg, escritor y eminente intelectual quien con la terquedad propia de niño caprichoso quería llevarse en préstamo algún volumen de esa colección que no tenía la opción de préstamo a domicilio. Los encargados agotaron todo los recursos para hacer entender a aquel entendido quien ya figuraba como usuario incómodo y decidieron llamarte para intentar razonar con él y evitar malentendidos ulteriores.
Sólo sé que lo conminaste a cumplir las reglas de aquella área en que no permitía excepción alguna y que tú, como guardián receloso no ibas a permitir romper con esos lineamientos a pesar de guardar una relación generalmente amistosa y cordial. Lograste que desistiera de su cometido y se marchó algo molesto, pero admitiendo a regañadientes la derrota.
- Tienes la cabeza cuadrada, Dante…- y se marchó desentendiéndose del asunto…


XVI

Un balcón dominaba la sala de lectura, desde donde se apreciaban otros ángulos del recinto estaba lleno de periódicos dispuestos en anaqueles muy diferentes los que imperaban en el resto de la torre de libros, que junto con revistas de diverso formato conformaban el espacio al que una pregunta formulada por mí encontró hemeroteca por respuesta. Pero la escalera interna seguía ascendiendo a niveles superiores al que nos llevaste después de haber realizado alguna cosa que era en realidad era la razón de aquella visita. Una puerta diminuta a la que había que subir por una escalera de tres o cuatro peldaños de hierro que daba al centro frontal del techo de la sala de lectura, era una explanada amplia y llana que desde donde huyeron espantadas unas palomas por nuestra presencia y el rechinido de los goznes de la puerta al abrir. Tomaste mi mano y no la soltaste mientras deambulamos por ahí, pues las orillas no tenían ninguna protección y la altura era considerable.
La vista era maravillosa desde aquel punto elevado. Veíamos las facultades circundantes, la alberca olímpica y una planicie descomunal de color cobrizo donde se efectuaban en ese momento varios partidos simultáneos de futbol. El sonido de los pitos arbitrales y los propios de los diversos entusiasmos de la concurrencia se perdió cuando una locomotora F7, de colores negro y anaranjado con la inscripción que más adelante pude leer como NdeM, irrumpió con silbidos fuertes que competían con el sonido rítmico de los motores diesel-eléctricos y la cauda de humo negro que emergía de algún conducto que permanecía más allá de su fuente vibrante y maquinal que atravesó la escena y me hizo estremecer más de una vez al tiempo en que las purgas de aire comprimido acumulado estallaban  generando potentes explosiones ensordecedoras.
- Viejos: ese es el tren que va a Veracruz…
A pesar del ruido, el tren estaba conformado por tres o cuatro largos vagones de pasajeros y uno o dos de correo y carga, sobre los cuales recuerdo haber visto a un par de personas viajando en los techos de los mismos.
A la fecha sigo pensando que el tren era la solución de muchos de los problemas de transporte que padecemos actualmente y como nostalgia remanente, veo que junto a los Campos Juárez, el tren de pasajeros y la Biblioteca Central, son recuerdos que provocan la sensación de pérdida irremediable, que aunque dieron lugar a la transformación de la arquitectura y panorama actual en que conviven los cambios positivos y otros menos afortunados, el paisaje existente que guarda aquel lugar que marcó mi infancia hoy en día es notablemente distinto, alejado de aquel esplendor mágico con que lo conocieron mis sentidos .


(continúa…)