sábado, 1 de agosto de 2015

DANTE IX-X

(continúa)

IX



Descendimos por un camino que seguía la orilla del último lago, por la antigua estatua de águila de alas cortas que separa al lago más grande del lago en que convivían patos y flamencos rosados de piernas largas. Seguimos el trazo caprichoso del camino que incluía transitar entre unos incipientes arbustos y enormes eucaliptos con que se reforestaba aquella zona. El sonido del aire al pasar por sus copas generaba un sonido aflautado y la brisa acariciaba con un aroma delicado y refrescante. También cayeron miles de conitos y hojas secas que se acumulaban a la vera del camino. Confeti y serpentinas de una fiesta de los sentidos nuevos para un niño curioso y asombrado que debió haberte abordado muchas preguntas sucesivas. El día era soleado y casi sin nubes aún. Ese lugar desde entonces me pareció maravilloso y tengo grandes recuerdos y sueños que lo tuvieron como escenario. En una curva pronunciada, divisamos a lo lejos varios edificios de las facultades asentadas en esa zona y las instalaciones de la alberca olímpica, cuyo trampolín me pareció una escalera corta al cielo.
Iniciamos un breve ascenso en el margen derecho del camino y miré la biblioteca por primera vez. Sus enormes ventanales transparentes me impresionaron, pues no había visto algo así hasta entonces y la arquitectura de prismas geométricos encontrados y fusionados me resultó fascinante. Corrí. Di vueltas y cabriolas en la jardinera frontal que básicamente cubría un pasto corto y denso como de un campo de golf y algunos setos con plantas de diferentes colores. Entonces vi la figura gris y desnuda sobre su pedestal central de la jardinera principal desde la cual recibía con actitud reflexiva a quienes caminaban por los senderos que accedían al recinto. Era el guardián de la biblioteca laberíntica a sus espaldas. Siempre pensé que eras tú. Eso –hasta ahora que lo pienso- debió ser el germen de aquel peculiar sueño…
-       – Es El Pensador, de Kiyoshi Takahashi- respondiste mi pregunta.



X

Unos once o doce años atrás, mientras pensabas en retirarte del trabajo que ejerciste la mayor parte de tu vida y que te había traído de regreso nuevamente a Xalapa después de algunos años de vivir en el DF, estoy seguro que lamentaste tanto como yo, que ese inmueble maravilloso se hubiera transformado en la edificación ordinaria llena de estructuras metálicas que recuerdan mucho a la central de autobuses local, y convertirse en la tienda universitaria que me parece que actualmente es inoperante salvo las ventanillas de atención de la sección de Profesiones y Servicio Social y un cibercafé que se han asentado en ese edificio que sepultó y desapareció de la faz del orbe a la Biblioteca Central que conocí ese día y que genéticamente transferiste algo que me genera mucha nostalgia cuando la recuerdo. Hubiera preferido se conservara como fue aunque sus instalaciones ya no albergaran más la biblioteca, pues ahora está en un gran complejo que también tiene mucho que ver contigo.



Querétaro, Qro. 1 agosto de 2014



5 comentarios:

  1. ...Y dónde quedó Plutonia? me acuerdo que la portada tenía un dinosaurio o algo así....

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  2. El original Dante, precisamente, se lo prestó a Carlos Romano para que lo leyera en La Revista...y ahí se quedó...

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Me parece que el nombre del pensador es "Adolescente" o "El adolescente"...no recuerdo dónde lo leí...

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  5. Me parece que el nombre del pensador es "Adolescente" o "El adolescente"...no recuerdo dónde lo leí...

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