(continúa)
IX
Descendimos por un camino que
seguía la orilla del último lago, por la antigua estatua de águila de alas
cortas que separa al lago más grande del lago en que convivían patos y
flamencos rosados de piernas largas. Seguimos el trazo caprichoso del camino
que incluía transitar entre unos incipientes arbustos y enormes eucaliptos con
que se reforestaba aquella zona. El sonido del aire al pasar por sus copas
generaba un sonido aflautado y la brisa acariciaba con un aroma delicado y
refrescante. También cayeron miles de conitos y hojas secas que se acumulaban a
la vera del camino. Confeti y serpentinas de una fiesta de los sentidos nuevos
para un niño curioso y asombrado que debió haberte abordado muchas preguntas
sucesivas. El día era soleado y casi sin nubes aún. Ese lugar desde entonces me
pareció maravilloso y tengo grandes recuerdos y sueños que lo tuvieron como
escenario. En una curva pronunciada, divisamos a lo lejos varios edificios de
las facultades asentadas en esa zona y las instalaciones de la alberca olímpica,
cuyo trampolín me pareció una escalera corta al cielo.
Iniciamos un breve ascenso en el
margen derecho del camino y miré la biblioteca por primera vez. Sus enormes
ventanales transparentes me impresionaron, pues no había visto algo así hasta
entonces y la arquitectura de prismas geométricos encontrados y fusionados me
resultó fascinante. Corrí. Di vueltas y cabriolas en la jardinera frontal que
básicamente cubría un pasto corto y denso como de un campo de golf y algunos
setos con plantas de diferentes colores. Entonces vi la figura gris y desnuda
sobre su pedestal central de la jardinera principal desde la cual recibía con actitud
reflexiva a quienes caminaban por los senderos que accedían al recinto. Era el
guardián de la biblioteca laberíntica a sus espaldas. Siempre pensé que eras
tú. Eso –hasta ahora que lo pienso- debió ser el germen de aquel peculiar sueño…
- – Es
El Pensador, de Kiyoshi Takahashi-
respondiste mi pregunta.
X
Unos once o doce años atrás,
mientras pensabas en retirarte del trabajo que ejerciste la mayor parte de tu
vida y que te había traído de regreso nuevamente a Xalapa después de algunos
años de vivir en el DF, estoy seguro que lamentaste tanto como yo, que ese inmueble
maravilloso se hubiera transformado en la edificación ordinaria llena de
estructuras metálicas que recuerdan mucho a la central de autobuses local, y
convertirse en la tienda universitaria que me parece que actualmente es
inoperante salvo las ventanillas de atención de la sección de Profesiones y
Servicio Social y un cibercafé que se han asentado en ese edificio que sepultó y
desapareció de la faz del orbe a la Biblioteca Central que conocí ese día y que
genéticamente transferiste algo que me genera mucha nostalgia cuando la
recuerdo. Hubiera preferido se conservara como fue aunque sus instalaciones ya
no albergaran más la biblioteca, pues ahora está en un gran complejo que
también tiene mucho que ver contigo.



...Y dónde quedó Plutonia? me acuerdo que la portada tenía un dinosaurio o algo así....
ResponderEliminarEl original Dante, precisamente, se lo prestó a Carlos Romano para que lo leyera en La Revista...y ahí se quedó...
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMe parece que el nombre del pensador es "Adolescente" o "El adolescente"...no recuerdo dónde lo leí...
ResponderEliminarMe parece que el nombre del pensador es "Adolescente" o "El adolescente"...no recuerdo dónde lo leí...
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