martes, 14 de julio de 2015

DANTE I-IV

DANTE
                                                                                                       ... a Dante, 
nuestro padre





I
Siempre hay una primera y última vez. La primera es especial por razones múltiples: se adquiere conciencia sobre algo que experimentan los sentidos demostrando su función esencial, una razón para entender al mundo y capturar algo que no pierde vigencia el resto de nuestra existencia. La última en cambio, es imposible determinarlo, pues nos toma desprevenidos. Sólo se presenta y después lo sabemos, en el momento que se corta una línea vital que nos une a las arterias de la vida y vemos perder algo o alguien irremediablemente. Vienen entonces, el dolor y los recuerdos…

II
De niño miraba con tus lentes que siempre me parecían una rareza muy peculiar. De entrada lo enorme de sus ventanas, y sobre todo su color, el verde oscuro que me recordaban las esmeraldas. Decías que no afectaban ni alteraban tu visión, pero cuando yo me los ponía, veía con tinte verde al mundo e imaginaba que me asomaba a otra dimensión, a otro universo en donde un astro distinto al sol alumbraba con luz verdosa, causando nuevos colores. Umbras y penumbras extrañas y curiosas de un fascinante mundo paralelo. También me provocaba un poco de vértigo, pues su graduación incompatible con la mía, que entonces ya daba muestras de que también los requeriría tarde o temprano, me obligaban a regresarlos a su sitio si tú no sabías de mi breves incursiones al universo verde revelado por tus lentes. O bien devolvértelos cumpliendo tus peticiones de cuidado extremo y evitar así los riesgos inherentes estando en aquellas inquietas manos infantiles.
III
Siempre pensé mucho en esa trillada frase en que se ha transformado parte de poema “Dos linternas” de Ramón de Campoamor:

De Diógenes compré un día 

la linterna a un mercader;

distan la suya y la mía

cuanto hay de ser a no ser.

Blanca la mía parece;

la suya parece negra;

la de él todo lo entristece;

la mía todo lo alegra.

Y es que en el mundo traidor

nada hay verdad ni mentira;

todo es según el color 

del cristal con que se mira.

   “… todo es según el color/ del cristal con que se mira”. Más adelante lo comprobé porque aprendí que la corrección que se obtenía con los lentes, era sólo uno de los tantos usos en que la mirada humana se beneficia del uso de cristales. No sé en qué orden, pero pude saberlo cuando conocí la lupa, el teodolito de tío Temo, los binoculares, el visor para bucear, el microscopio y el telescopio con el que se pueden observar estrellas, planetas y nebulosas entre otros cuerpos celestes. Recuerdo con claridad esas primeras veces que con gran asombro utilicé esos aparatos de cristales maravillosos iluminando, dando luz a lo inédito en mi mirada. No puedo más que afirmar a estas alturas, que el poeta tenía toda la razón.
IV
Al despedirnos de ti, solicité algo que en algún momento generó extrañeza. Sugerí portaras tus lentes en tu último viaje.
-       ¿Porqué?
-       Sus lentes tienen capturada una buena parte de su personalidad. Su quintaesencia…
Tuve y aún pienso, que en tu encuentro con el universo no te podían faltar. El universo tiene mucho que ver con los cristales y las magnificaciones de la visión del ojo humano. Ayer por primera vez la humanidad entera vio por primera vez con nitidez a Plutón el cual, esquivo, no había revelado su rostro verdadero… Y en evocativa similitud, su centro tiene un corazón estrujado de trazo abstracto, pero inequívoco, como el que nos quedó al despedirnos de tí con profunda tristeza… En un gesto científico/poético, los encargados de la máquina viajera que extiende la mirada humana en aquellos confines del sistema solar, añadieron una porción de las cenizas de su descubridor. De la vista nace el amor, pero sobre todo, del amor nace la vista y todos los sentidos con los que entra el universo entero en cada uno de nosotros. Y la humanidad entera sigue en búsqueda de la luz que explique el sentido de la vida y todos los orígenes… Y es verdad de que todo es según del cristal con que se mira. Campoamor, dime, ¿qué cristales abrieron tus ojos…?


                                                                                                       Querétaro, Qro. 14 de Julio de 2015


(continúa...)


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