jueves, 7 de mayo de 2015

Anécdota de autobús...allá por 1973 o 74

Queridas hermanas y hermano…

Estos días obligan a bucear en los recovecos más recónditos de l memoria. De ahí sale la anécdota - que titulé anécdota de autobús -
que quiero contarles…

Cuando yo era muy niño (habré tenido 4 o 5 años), y no recuerdo si
Karel ya andaba por ahí, durante las vacaciones de verano y/o de
invierno íbamos a visitar a los abuelos paternos –doña Chanita y don
Chencho- a Tempoal, donde nació Dante y supongo que sus hermanos… Esos
viajes eran encantadores para mí, no sólo porque siempre me gusto – y
aún me gusta – viajar en autobús, sino por visitar a los queridos
abuelitos y pasar unos días en su casa, jugando en un sitio diferente,
comiendo platillos con sabores diferentes, oliendo aromas diferentes,
que vienen a mí ahora que los pienso…

Tampoco recuerdo si la ocasión a la que se refiere esta anécdota er verano o invierno, pero lo cierto es que en esa ocasión el viaje
incluyó la visita a los tíos Barbosa Gómez en Cd. Madero, al ladito de
Tampico.

Esa ocasión el regreso a Xalapa lo hicimos desde la terminal de
Tampico. Recuerdo que viajábamos mi mamá, Dante y yo (hermano, no me
lo tomes a mal, pero no me acuerdo si tú eras bebé de brazos y y viajabas con nosotros…). La ruta pasaba obligadamente por Tempoal y
alrededor de las 10 de la noche el autobús, un ADO del modelo conocido
como “jorobadito”, hizo parada en la terminal, al lado del parque, de
Tempoal. Por cierto que recuerdo con enorme agrado a los vendedores de
los deliciosos “quesos de bola”, cuya forma de pierna de pollo y su
sabor son inconfundibles…

En fin, el conductor aununció una escala en Tempoal de 15 minutos y
nuestro extrañado Dante aprovechó para ir de carrerita a casa de los
abuelos, que estaba más o menos a 600 metros de ahí. La cosa fue que,
ya sea porque el conductor rectificó su horario, o porque el tiempo se
fue muy rápido, cuando me di cuenta el autobús reinició su march hacia Tantoyuca, que era la siguiente escala en el viaje a Xalapa, sin
Dante a bordo…

¡No se imaginan, hermanos, la angustia que sentí cuando vi que el
autobús reiniciaba su viaje sin mi papá a bordo… Desde luego mi mamá
le pedía al conductor que esperara tres, dos, un minuto más, pues
estaba dentro del tiempo que él mismo había dicho
originalmente…petición que no prospero…

Imposible para un niño de 4 o 5 años mantener la calma, olvidar l angustia y no llorar… y yo, como siempre he tenido las lágrimas a flor
de piel (o de ojos, mejor dicho), lloré angustiadísimo porque habíamos
dejado a mi papá kilómetros atrás…

No recuerdo si me dormí llorando o me mantuve despierto llorando, el
caso es que cuando me di cuenta el autobús estaba en su escala debid en la terminal de Tantoyuca…y mi angustia desapareció cuando vi Dante entrar al autobús, avanzar por el pasillo y tomar asiento a mi
lado, abrazarme fuertemente y acariciarme como –acabo de recordar- lo
hacía… Gracias a un taxi, alcanzó al ADO en Tantoyuca.

Hoy diría que los lugares están al revés: Dante es quien ya va en su
autobús, y yo soy quien se quedó atrás en el camino. Ya llegará el
momento de subir a ese autobús y volver a sentarnos lado a lado…

Honrando la memoria de Dante…

ADO de aquellos años. le decían el Jorobadito

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