31 de marzo de 2022
Recuerdos, jardines y poesía…
Recordando a Dante,
amoroso papá cargado de
lecturas extraordinarias,
pero sobre todo,
extrañada presencia…
¡Qué tal! Soy Orlik Gómez García y trabajo en el Jardín
Botánico Francisco Javier Clavijero, de Xalapa, Veracruz, donde nos encontramos
esta mañana.
Hoy quiero compartir con ustedes algunos sentimientos y
sensaciones sobre nuestros jardines, los que están a nuestro alrededor,
cercanos o lejanos, pero también sobre aquellos que viven dentro de nosotros, y
porqué creo que nos gusta tanto, desde luego, visitarlos, pero también
pensarlos…
¿Ustedes se han puesto a pensar por qué les gustan los
jardines? Esta puede ser nuestra pregunta inicial…¿por qué nos gustan los
jardines?
JBC en 1982
Las respuestas pueden ser muchas, por ejemplo: porque hay
flores coloridas y raras, porque son amplios espacios al aire libre, porque
puedo pasear con mis amig@s o con mi perro, porque podemos hacer días de campo
a la sombra de un árbol, o bien porque me aíslo por un rato, porque para mí los
jardines son paraísos de aromas y sonidos de aves, insectos y otros bichos y
así… Entonces, va nuestra segunda pregunta: ¿Qué te provoca visitar un jardín?
¿Qué sientes cuando estás ya de visita en un jardín?
“No sé si alguna vez les
ha pasado a ustedes
pero el jardín botánico
es un parque dormido
en el que uno puede
sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se
cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista
tranquilamente lejos…”
“El secreto es apoyarse,
digamos, en un tronco
y oír a través del aire,
que admite ruidos muertos,
cómo en Millán y Reyes
galopan los tranvías…”
Mis recuerdos
Hace muchos años, en 1982, recuerdo que una mañana de verano,
mi padre y un par de mis amigos de la secundaria -Jesús Villa y Luis Zúñiga - visitamos
el Jardín Botánico Clavijero. Como dije, era verano y en esta estación en
Xalapa los cielos son de un azul muy profundo; el ambiente era agradablemente cálido
y muy luminoso. Y mientras los tres -muy jóvenes aún, quizá con 13 o 14 años
apenas- nos adentramos por muchos rincones del lugar, en busca de hojas secas,
con afanes de estudio, Dante, recostado bajo las frondosas ramas de un gran árbol
que años después supe que era un nogal, escribió un poema que me obsequió,
semanas después, en una tarjeta de cumpleaños, y que iniciaba así:
“Miro este jardín,
tan lleno de flores, tan verde, tan apacible…”
Desde luego, leí y releí el poema por muchos años, y lamento haber tenido el descuido de perder esa entrañable tarjeta en alguna de mis cajas de recuerdos, que guardaba de cuando en cuando…
Ese día tardé varios minutos en adentrarme por entre los
árboles y claros de este gran jardín, en ir de los encinos a las hayas y de ahí
al bosque y de regreso…y tardé varios años más en entender verdaderamente que
los jardines son lugares que siempre refrescan nuestra mente y nuestro espíritu…Y
entendí, también con el andar de los años, que la naturaleza, la infancia y
también los sueños, tienen un vínculo especial entre sí y que nos hacen, entre
otras muchas cosas, ser lo que somos.
Estoy convencido de que es, precisamente, este vínculo
especial e inexplicable, el que me trajo esta mañana, frente a ustedes…
Los jardines en la literatura: símbolos de lo inexplicable…
Hay mucho simbolismo en los jardines, algunos de estos
símbolos son muy rebuscados, como el jardín del Edén o el Elíseo y toda la idea
diosas y dioses omnipotentes, creadores de los primeros habitantes, humanos y
no humanos, de un mundo estático y recién creado: el lugar donde todo comienza.
Viendo apenas por encimita, en la literatura los jardines son abundantes en
flores de aromas y formas exóticos, poseen fuentes majestuosas o son hogar de criaturas
extrañas, como en el jardín del gigante egoísta, de Oscar Wilde, que no consentía
que nadie más jugase en él. El Gigante en su jardín, recostado bajo un árbol de
flores blancas -que bien podría tratarse de una magnolia o un azahar de monte- disfrutando
primero de su soledad y después jugando con los visitantes niños cuando estos
salían del colegio, es una imagen que, estoy seguro, perdurará toda mi vida. Los
jardines son también escenario perfecto para encuentros profundos y secretos
–como en los jardines de la mansión de los Capuleto, donde Romeo y Julieta
vivían un amor idealizado en difíciles y finalmente trágicas circunstancias. Alicia,
en su andar inesperado por el país de las maravillas “…vio, a través de la
cerradura, el jardín más maravilloso que pudiese imaginar… ¡qué ganas de pasear
entre aquellos macizos de flores multicolores…!”
¡Y qué decir de la poesía!
Mario Benedetti, poeta y escritor uruguayo, escribió “A
la izquierda del roble”, un extraordinario poema de amor, ubicado no
sólo en un jardín, sino concretamente en un jardín botánico, abordando desde su
sensibilidad y con su extraordinaria pluma algo de los muchos pensares y
sentires que afloran en un lugar así…Líneas arriba ya expuse la primera parte
de ese poema, que continúa así:
“No sé si alguna vez les
ha pasado a ustedes
pero el jardín botánico
siempre ha tenido
una agradable propensión
a los sueños
a que los insectos suban
por las piernas
y la melancolía baje por
los brazos
hasta que uno cierra los
puños y la atrapa.
¿Se dan cuenta? Cerremos los ojos y preguntémonos… ¿Qué me
hacen sentir estas primeras líneas del poema? ¿Qué siento al estar en un
jardín?
La literatura, y dentro de ella, la poesía, guarda un lugar
especial para estos verdes espacios. Leí en alguna parte que un jardín tiene
mucho de libro, porque es, entre otras cosas, una narración, y el tiempo es el
secreto que comparten, con la diferencia de que un texto no cambia y un jardín
sí. Por pequeño que sea, un jardín es un espacio poético y secreto, perfecto
para ocultarnos, un paraíso terrenal, un lugar ideal que siempre refrescará
nuestra mente y espíritu...
Después de todo el
secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se
disputan las copas
y ver cómo los nidos se
disputan los pájaros...”
En otro sentido, podríamos pensar y decir que un jardín
simboliza el triunfo de la humanidad sobre lo silvestre, o como dicen los
documentales, sobre lo salvaje: la naturaleza dominada y ordenada, en oposición
a los bosques o las selvas, con su desordenada disposición y abigarrada
multitud de seres vivos. El reto es mostrar las bondades de ese orden
desordenado e imperfecto, pletórico de vida, que pueden ser los jardines, aún
los jardines que hacemos crecer en macetas…
Muchas veces he tenido oportunidad de hablar y guiar a grupos
de niñas, niños, muchachas y muchachos, mamás, papás, abuelos, abuelas,
alumnas, alumnos y grupos de diferentes edades y diversos en formas de ser por
los rincones del jardín botánico, y siempre les muestro cosas más allá de las
plantas; sin embargo, esta es la primera vez que hablo de las emociones que un
jardín como este puede provocarnos…
Tal vez la próxima vez que tenga esa oportunidad les pregunte
cosas como…
¿Te das cuenta cómo la naturaleza se desenvuelve a tu
alrededor?
¿Te has permitido encontrar todo ese amor y toda esa paz, reflejadas
en los árboles y en las plantas que te rodean, como si fueran pinceladas de
emociones nuevas en tu día…?
¿No te maravilla acaso acercarte a los tupidos matojos de
hierba de cambiantes matices de verde o de otros muchos colores que podemos
gozar aquí, en el trópico húmedo…?
¿Te das cuenta de lo encantador que es la manera en que
vuelan, como si fuesen impalpables plumas, las pequeñas semillas de esos
árboles gigantes que llamamos hayas…?
¿Te has imaginado que, ahora que visitas este jardín,
descubrimos dos grandes mundos: el mundo de a pie y el mundo que se vive en la
copa de los árboles…?
¿Has pensado en el sosiego que ofrecen las plantas ante una situación
dramática, como una enfermedad o un duelo…?
¿Acaso no es una maravilla la flor que contempla amaneceres?
Y nuevamente, ¿qué te provoca visitar un jardín…?
Sucede pues, que cada oportunidad tiene sus propias
preguntas.
Sigue Benedetti…
“Aquellos dos por
ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo
almendro o araucaria
gracias a mis lagunas
sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto
las palabras
se quedan conmovidas a
mirarlos
ya que a mí no me llegan
ni siquiera los ecos.”
El jardín es una invitación a
adentrarse en busca del conocimiento de uno mismo, de nuestras zonas de luz y
sombra, un espacio de orden y seguridad, en el que, en cierto modo, hay que
escapar para, dejar atrás nuestros propios monstruos.
“Para mí que el muchacho
está diciendo
lo que se dice a veces
en el jardín botánico…
ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero…
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado…”
Pienso que, como en El Jardín Secreto (otra lectura
recomendada, por cierto), dentro de todo lo que miramos hay un jardín, donde la
felicidad es tanta que uno quiere ya quedarse ahí para siempre.
Por mi parte, aún no se lo he dicho a
mi jardín,
pero lo que he descubierto y sentido a lo
largo de los años es tanto y me ha gustado enormemente.
Ojalá a ustedes también les den ganas de visitar sus propios
jardines cercanos y no tanto, de fuera y del interior. Véanlos con los ojos del
alma y con el corazón emocionado. Permítanles que encanten…
Para terminar, regreso con Benedetti…
“No sé si alguna vez les
ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico
es un parque dormido
que sólo despierta con
la lluvia.
Ahora la última nube ha
resuelto quedarse
y nos está mojando como
alegres mendigos.
El secreto está en
correr con precauciones
a fin de no matar ningún
escarabajo
y no pisar los hongos
que aprovechan
para nacer
desesperadamente.”
“No sé si alguna vez les
ha pasado a ustedes
Pero cuando la lluvia
cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los
fantasmas.
Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.”
Cada año y cada día que pasan, sigo
viendo a este, mi amado jardín, tan lleno de flores, tan verde, tan apacible, como
fue en aquella mañana de verano de 1982…
(Texto basado en el guión
para un TED TALK,
que ofrecí en el Jardín Botánico
Clavijero hace un par de semanas…)




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