Siempre lo estoy pensando, sin un día especial para hacerlo...
Los domingos en la tarde, con la luz intensa del sol entre las hojas verdes de los árboles y la hojarasca en el piso de nuestro campo de juegos de la niñez, siento profundamente su ausencia...
Y cuando doy la vuelta para regresar a nuestra casa y miro hacia arriba, hacia donde está esa colina colorida de flores y rehiletes donde lo despedimos y recordamos, siento mucho que se haya ido así, tan antes de tiempo... Imagino cuánto le hubiera gustado ver crecer y ser testigo de los avances de Octavio.
Pero en días como hoy, también pienso en que descansa, ya no sufre ni tiene que preocuparse por nada ni por nadie, ni por las atrocidades ni por las injusticias de este mundo.
Y como él mismo decía de los días especiales, valga el pretexto de este Día del Padre para dar Gracias, a Dante, por habernos dejado una huella profunda en nuestras vidas.... Para siempre...
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