sábado, 16 de mayo de 2015

De abuelitas y arañas...

Dante adoraba a su Mamá. Y yo, que tuve oportunidad de conocerla, escribo estas líneas recordándola con cariño, en esta tibia tarde de 10 de mayo...

Doña Feliciana, doña Chanita para sus hijos, nietos y cuates, era una mujer bonita, chiquita, con olor a cocina, a hierbas, a café molido. Pienso que si la viera hoy la vería muy chiquita a mi lado. Yo la quería -la quiero- mucho. Esperaba con impaciencia las vacaciones de verano o invierno porque era casi seguro que iríamos a visitarlos allá a aquel maravilloso lugar que era su casa, en Tempoal.

Doña Chanita era muy maternal conmigo. Cuando nos llamaba a comer, recuerdo que nos lavábamos las manos en una u otra de las varias pilas que había en distintos lugares de la casa, pero el ritual del secado de las manos siempre tenía lugar en su mandil...

Era una mujer valiente. Una vez que ella me estaba bañando salió una enorme tarántula (a mis 5 años la vi del tamaño de un plato) y con el susto quise escapar corriendo, pero mi abue me detuvo tiernamente con una mano, en tanto con la otra tomó un banco de madera y ¡escutuplasch!...ahí quedó la pobre tarántula con su existencia desparramada en el piso del baño... Eso me impactó más que el verla salir. Yo creo que por eso hoy salvo a cuanta araña veo en peligro...

Estoy seguro que, gracias a mi abue Chanita, crecí a salvo de la aracnofobia, dolencia que sé, afecta a varios colegas...

¡Te extraño abuelita Chanita!


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