Hoy murió un hombre excepcional, sabio, generoso, congruente, trabajador, comprometido, extraordinario amigo. Deja en mi corazón un vacío que nada podrá llenar, me quedan sus palabras, sus enseñanzas, sus muestras infinitas de cariño. Va un abrazo solidario a la familia xalapeña.
Mi biblioteca desde hace muchos años lleva el nombre de mi amigo, el hombre que dedicó su vida a los libros, que creyó en el poder de la palabra y quien gustoso compartía la magia contenida en ellos. Así cómo quedará su nombre en los estantes, quedará él en mi corazón.
Azyadé Vasquez
Mi padre murió una semana antes de que yo conociera a Dante Gómez. No imaginaba entonces que algún día ese hombre sería para mis hijos su abuelo, el abuelo que se fue antes que nacieran. Mi hija Ximena creció con la idea de que Dante era su abuelo y en realidad siempre lo fue porque el así la veía, así le hablaba, así la trató siempre y lo mismo con mi hijo Diego. Ambos fueron sus nietos. ¿Cómo retribuir a Dante esto? Sus palabras, su risa, su tiempo y las largas sobremesas en las que hablamos y sus palabras nos arrullaban y nos llenaban de alegría y mis hijos sin perder la paciencia porque estaban disfrutando con el abuelo Dante. Su recuerdo agridulce se quedará conmigo y en el fondo del corazón de mis hijos. Pierdo físicamente al amigo y al abuelo, pero no del todo porque de alguna manera aquí está todavía. Mi cariño y una lágrima que se me ha salido para Alba, Karel, Orlik, Yarim y Dunia. Y un abrazo.
Ramón Ojeda


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