Anoche tuve un sueño muy particular:
era el día de mi boda, yo iba llegando al lugar, de repente aparecías tú, con tu manera tan particular y única de vestir: tus botas de Naolinco, tu camisa de cuello alto y manga larga, tu pantalón de tela a juego con la camisa, todo perfectamente planchado, no podían faltar tus lentes y mucho menos tu cabello plateado debido a las canas. Estás de pie y me estás esperando.
De repente se oye a lo lejos la canción del Oboe de Gabriel, interpretada por tu hijo, mi hermano Karel; quien se lo ve al fondo del pasillo de lado izquierdo del altar. En frente y también al fondo está mi futuro esposo Giancarlo esperando pacientemente nuestra llegada.
Empezamos a caminar agarrados de la mano, al ritmo de la música, llegamos y le das la otra mano a Giancarlo y le dices varías palabras que no logro oír por mis propios nervios y emoción. Me das un beso, me dices: adiós mi Chula, me entregas y te vas tan misteriosamente como llegaste.


